Gusanos y Filosofía Contracíclica
Impecable. De las 93.000 palabras de nuestro rico idioma, impecable es la que más me gusta. La manga de una camisa recién planchada, una afeitada temprano por la mañana, un resumen de una clase en la Facultad de Filosofía. Esas cosas me obsesionaban porque fueran impecables. Al morir, dejé expresamente escrito, que debía ser cremado. No quería un cuerpo trabajado hasta ser impecable, que fuera corrompido y mancillado por humedades y alimañas. Tampoco embalsamado. Nada de ser toqueteado y rellenado como un maniquí de viejas Tiendas Harrods. No me hicieron caso. Cajón y tierra fue mi destino. Ahora puedo sentir a los gusanos devorándome. Gordos y viciosos gusanos llevando mi páncreas y mis pulmones en andas, hasta unos rincones del ataúd, donde armaron un picnic interminable. Yo que siempre sentí cada pulso de mi insignificante vida, ahora muerto de toda mortandad, sufro la masticación de mi carne, por parte de estos arrastrados seres inferiores. Tirado ahí, entre gusanos y ropa en ...