Gusanos y Filosofía Contracíclica
Impecable. De las 93.000 palabras de nuestro rico idioma, impecable es la que más me gusta. La manga de una camisa recién planchada, una afeitada temprano por la mañana, un resumen de una clase en la Facultad de Filosofía. Esas cosas me obsesionaban porque fueran impecables. Al morir, dejé expresamente escrito, que debía ser cremado. No quería un cuerpo trabajado hasta ser impecable, que fuera corrompido y mancillado por humedades y alimañas. Tampoco embalsamado. Nada de ser toqueteado y rellenado como un maniquí de viejas Tiendas Harrods. No me hicieron caso. Cajón y tierra fue mi destino.
Ahora puedo sentir a los gusanos devorándome. Gordos y viciosos gusanos llevando mi páncreas y mis pulmones en andas, hasta unos rincones del ataúd, donde armaron un picnic interminable. Yo que siempre sentí cada pulso de mi insignificante vida, ahora muerto de toda mortandad, sufro la masticación de mi carne, por parte de estos arrastrados seres inferiores.
Tirado ahí, entre gusanos y ropa en jirones, me preguntaba porque sólo la ropa se hace jirones. Qué pasa con mis músculos, otrora imán de pechugonas? Qué son estas hilachas rosacundas y blandoides? Adónde fueron los litros de creatina en licuados? Y aquellas tardes en lo de He-Man, escuchando Electric Light Orchestra y Cook Robin, mientras tomábamos sol, para reventar de cromidine el sábado a la noche en el club? Estas malditas alimañas se llevan los restos de mi época de gloria. Aquellos años, en los cuales entrenaba, tomaba sol, cogía, y me quedaban ganas de salir a la calle Corrientes, y sentarme en un teatro para hippies, mientras masticaba ricota con miel. Los flacuchos me observaban extrañados. Qué hacía un patovica mirando Esperando a Godot? Siempre me dió placer romper las pelotas por oposición. Facho en ruedo zurdo. Socialista en tercer tiempo de rugbiers.
Resignado, ya no me molesta que los gusanos hagan una parrillada con mis triceps. Lo que no soporto es escucharlos masticar y reírse de sus chistes de larvas trans con la boca abierta. Acá estoy, con esta maldita conciencia que no muere. Y repiquetea viejas promesas que no cumplí. Fui lento, dócil, pasivo, anhelante, ingenuo, depresivo, reprimido, angustiado, redundante y conformista. O no. Me armé para una guerra que no era tal. Cargado de dinamita y puñales, transité el empedrado con suelas lisas. Patinando entre amores dulces y amargos deslices, me sacrifiqué en la cruz que mis propias manos pulieron. Años llenando la mochila de astillas, no supe desmontar el teatro negro que ayudé a construir. Aún hoy pienso en todas esas risas de labios carmesí que dejé escapar. Esas caricias sin especulaciones, esas señales de Dios, que preferí ignorar. La soberbia de la negación. Yo puedo solo, me repetía, mientras lastimaba mi espalda con esos afilados puñales, para demostrarme lo rudo que era. Esa memoria de piel, ahora está siendo deglutida por los sórdidos gusanos. Si aprendí la lección? Ni siquiera entiendo el Impecable Orden de las Cosas.
What happened to the.Real G?
ResponderBorrarEspectacular
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